ArtistA

Por: Sebastián Ángulo

Soy curiosamente, un poco incoherente
En mi disciplina, creo en sabiduría 
No creo en el sistema, pero creo en el poema
En mi propia destrucción. 
Fragmento de El artista de Hello Seahorse!

Ser artista es una decisión contracorriente. De partida y sin saberlo, es elegir una forma de vida que tiende a ir en contraflujo del ritmo cotidiano de la sociedad donde vivimos. Sin embargo, los artistas somos capaces por medio de variadas maneras, de producirnos un espacio-tiempo propio; esa ensoñación que nos envuelve es el andar en contracorriente que nos otorga el privilegio y el castigo de ser fantasmas encarnados en este mundo. 

Como fantasmas podemos adentrarnos en las profundidades de la tierra, o volar lejos para ver todo desde la distancia. En este punto sería importante aclarar que no hay un solo tipo de artista; sin embargo, todos son conscientes del poder de una imagen, de una sensación. A lo largo del tiempo y del mundo han sido artistas quienes han invadido el espacio entre el inconsciente y la conciencia de muchas personas, planteado cuestionamientos, revoluciones y en el peor de los casos, validado sistemas monstruosos de poder político y espiritual. 

Hacer arte no tiene mayor explicación que un deseo profundo e intangible por crear. Las personas comenzaron a hacer arte porque sí. Sin embargo, es lo único que nos ha permitido conectarnos con lo incomprensible dentro de nosotros mismos, y posiblemente de las otredades. Los artistas somos profundos observadores de realidades impensables para la mayoría, pero nuestra labor es tan importante, que las hacemos existir, para hacer que otros vean que son posibles.

Las condiciones para tener éxito en el arte en un principio parecen ser una conjunción de suerte. Sin tener la respuesta, creo que es importante no permitir que esas primigenias obsesiones que nos llevaron a este intricado mundo mueran. Mantener vivas esas ansias por crear es fundamental, además de proteger el control sobre las decisiones que rodeen la circulación del trabajo y la vida. Preguntarnos todo el tiempo a nosotros mismos para quién, con quién, cómo, cuándo, dónde, por qué y sobre todo para qué. Si en algo se relaciona el quehacer artístico con el mundo empresarial, es en ese devenir entre influencias externas y autogobierno; mientras más autonomía tengamos sobre nuestra vida y trabajo, más claridad tendrá la propuesta artística que generemos. Si vivimos en un sistema en el que parece imposible escapar del capitalismo, hay que hacer de nuestros propios cuerpos empresas, subvirtiendo los mal llamados valores neoliberales que olvidan nuestra caótica, pero preciada humanidad. 

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